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El cangrejo que quería aprender.


  Estaba un cangrejo cerca de la costa, no tenía esperanza alguna, no sabía para que estaba en este mundo, todo le parecía tan común, tan cotidiano, su rutina básicamente consistía en no morir por algún depredador de su alrededor.
foto de Esmeralda Berrios Cambron 
Un día mientras caminaba se encontró con un anuncio, el cangrejo lo arranco con sus tenazas y lo aventó lejos de la costa, pez que lo miraba de desde lejos le pregunto:

-       -Oye, cangrejo, ¿porque has arrancado el anuncio?
-       -Y tú que tonto pez de agua interesa.
-       -Perdona, cangrejo no te entiendo, ¿qué es lo que me quieres decir?
-       -Tu ser tenías que pez, como no entender a mí, que tonta tu cabeza
-       -Pero cangrejo, no te enojes, es que acaso yo te ofendí, si es de esa manera te pido una disculpa.
-       -Tu disculpado estar por mí.

El pez no podía entender porque el cangrejo se expresaba de esa manera, así que decidió preguntarle si quería ir con él a su casa a comer y tomar algo.

-       -Cangrejo, ¿acompáñame a mi casa, está muy cerca de esta costa, podemos comer algo y platicar?
-       -Tu platicar querer platicar, no tonto es eso, platicar yo no sé.
-     -Pero cangrejo no te gustaría aprender a platicar, perdona que te pregunte pero amigo cangrejo ¿saber leer?
-       -No – contesto el cangrejo muy triste.

 El pez logro que el cangrejo lo visitara todas las tardes en su casa, gracias a que  en un principio el pez solo le contaba pequeñas y acogedoras historias que él había leído, el cangrejo quedaba impactado y cada vez más intrigado por aprender, una tarde el cangrejo le pidió al pez que le enseñara todo lo que el sabia, el pez estaba bastante contento ya que el cangrejo había tomado la iniciativa de aprender, el pez  le enseño letras, números, canciones, entre otras cosas, el cangrejo cada día se volvía más sabio, le gustaba mucho que el pez le explicara, pasaron bastantes lecciones y el pez ya no sabía que otra cosa enseñarle al cangrejo, así que hablo con él, le dijo que volviera a tomar aquel cartel que había arrancado con sus tenazas el día en que lo conoció y le diera lectura, el cartel invitaba a todos los animales a escribir y leer cuentos para las costas vecinas…

El cangrejo muy entusiasmado acudió a la escuela y pidió permiso para entrar, desde entonces, el cangrejo a pasado su vida aprendiendo una cosa nueva cada día. 

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